LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL DE LA EVALUACIÓN POR COMPETENCIAS: ENTRE LA EFICACIA PEDAGÓGICA Y LA BUROCRATIZACIÓN TECNOLÓGICA.
Los centros educativos se encuentran actualmente bajo una intensa presión para mostrar evidencias de modernización y cambio de la cultura escolar que se ajusten a las exigencias legales y acrediten, por ejemplo, una correcta implementación de la evaluación del aprendizaje competencial, por parte del alumnado.
En este contexto social, muchos centros han optado por el camino aparentemente más rápido: la utilización de herramientas digitales de evaluación del proceso de aprendizaje, propuestas por la Administración educativa como símbolo visible de transformación y acercamiento al modelo de evaluación implantado por Ley Orgánica 3/2020, Ley para la Mejora de la Ley Orgánica de Educación. Unos protocolos que servirán de apoyo a la inspección de educación para verificar el grado de cumplimiento de los criterios de evaluación y calificación de las programaciones didácticas.
Como un péndulo que oscila entre la eficacia y la burocracia, cada herramienta digital puesta a disposición de los centros educativos, por parte de la Administración, puede ser tanto un impulso para la mejora de su autonomía pedagógica y organizativa como una nueva capa de complejidad administrativa que maquilla la implantación efectiva de un nuevo modelo de aprendizaje.
En algunos casos esta transformación digital de los procesos es el resultado de decisiones que tienden a la simple sustitución de formatos analógicos . A título de ejemplo, podríamos citar el hecho de que las programaciones didácticas o los boletines de calificaciones pasen del papel a un formato de archivo PDF, o la existencia de hojas de cálculo completas de criterios de evaluación que el profesorado debe completar para calificar las diferentes asignaturas, las competencias específicas y finalmente las competencias clave que conforman el perfil de salida de las diferentes etapas educativas.
La verdadera creatividad docente reside en discernir cuándo la digitalización actúa como un puente hacia la innovación pedagógica y cuándo se convierte en un mero ritual burocrático que, bajo la apariencia de modernidad, perpetúa y amplifica las mismas prácticas que pretende superar.
La capacidad para discernir si la herramienta digital se convierte en un fin por si misma radica en el origen y fundamentación de la toma de decisiones del profesorado.
La cultura escolar en los centros educativos, depende de cómo piensan y cómo actúan los miembros de su comunidad educativa, así como del contexto social y económico (recursos personales y medios disponibles).
La implementación de tecnología sin una transformación cultural profunda conlleva varios riesgos significativos: la resistencia y frustración del profesorado (con una sensación de imposición tecnológica sin sentido pedagógico, que resta tiempo y esfuerzo a la personalización del aprendizaje); ineficiencia en el uso de recursos que se advierten como una burocratización de los procesos; y la obstaculización del cambio real frente a una apariencia de modernidad.
EL PAPEL DE LA INSPECCIÓN EDUCATIVA EN LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL DEL PROCESO DE EVALUACIÓN POR COMPETENCIAS.
Cualquier transformación del sistema educativo se consolida y legitima a través del papel fundamental de la inspección educativa, que actúa como bisagra entre la realidad de los centros y las políticas educativas de la Administración.
La inspección, desde su posición privilegiada de observador experto, combina la supervisión de la evaluación interna sobre las prácticas del aprendizaje competencial que deben formar parte del Proyecto educativo del centro (artículo 121 de la Ley 2/2006 de 3 de mayo, Ley Orgánica de educación) con la perspectiva objetiva que aporta la evaluación externa, generando un diálogo constructivo que enriquece ambas miradas. Una mirada, la de la Inspección, que debe focalizarse en el aula, evitando convertir la supervisión en una función que se apoye exclusivamente en el acceso a los documentos elaborados por los centros educativos.
Una supervisión que se fundamenta exclusivamente en el acceso, estudio y valoración de la documentación pedagógica elaborada por el profesorado da respuesta al cumplimiento burocrático de las exigencias legales, pero no aporta un valor añadido sobre el impacto en la realidad del aula de un nuevo modelo, que se pretende sea innovador.
Este acompañamiento de los inspectores de educación, en la implementación de nuevos procesos, ha de ser respetuoso con la autonomía de los centros (artículo 151.a de la LOE) y permite identificar aquellas prácticas digitales de evaluación que realmente aportan valor al proceso de enseñanza-aprendizaje.
La actuación inspectora en el centro educativo y especialmente en las aulas, fundamentada en las técnicas de la observación directa y la triangulación de la información, proporcionará a equipos directivos y profesorado una valiosa información que les permite reflexionar sobre su propia acción e introducir mejoras.
La inspección educativa ofrece a la Administración, a través de sus informes y propuestas, una retroalimentación esencial sobre la eficacia real de las herramientas digitales de evaluación utilizadas en los centros educativos, permitiendo distinguir entre aquellas que facilitan una evaluación más precisa y significativa del desarrollo competencial del alumnado y las que simplemente digitalizan procesos tradicionales sin aportar mejoras sustanciales.
Esta información resulta vital para que la Administración pueda promover y extender aquellas prácticas digitales que demuestran su eficacia en la evaluación competencial, contribuyendo así a una verdadera transformación de la cultura escolar, que impulsada desde el propio centro educativo encaja en sus procesos de reflexión e innovación pedagógica.
De este modo, la confluencia entre la transformación digital de la evaluación y la supervisión de la inspección educativa genera un círculo virtuoso de generación del conocimiento, donde la aplicación de la tecnología sirve verdaderamente a la innovación, porque es fruto de decisiones que provienen de la evaluación interna y externa del centro educativo.
Los centros educativos encuentran así un aliado, en la inspección educativa, que valida y refuerza sus esfuerzos de transformación digital cuando estos están verdaderamente orientados a la mejora de los procesos de evaluación; mientras que la Administración obtiene una visión clara y fundamentada de qué iniciativas digitales merecen ser respaldadas y extendidas, en el sistema educativo, por su contribución efectiva a la mejora de la evaluación competencial. Frente a aquellas que solo dan forma al cambio, pero no aportan innovación al proceso.
Juan José Arévalo Jiménez
Preparador de las oposiciones de acceso al Cuerpo de Inspectores de Educación.
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